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El 11 de septiembre de 1983 se celebró en
Xirivella la coronación canónica de Nuestra Señora de la Salud. Veinticinco años
después celebramos la conmemoración de este acontecimiento.
La tradición recoge que la imagen de la
Virgen de la Salud fue hallada bajo una campana[1] enterrada en un olivar, al igual que otras imágenes de la
Comunidad Valenciana,. Este tipo de hallazgos providenciales, se explicaba
diciendo que estas vírgenes fueron escondidas durante las invasiones islámicas
para preservarlas del “furor iconoclasta”[2] de los musulmanes y que, tras la reconquista del Reino de
Valencia por el rey Jaume I fueron descubiertas en medio de grandes prodigios,
ocultas en cuevas, junto a fuentes, o enterradas como es el caso de la Mare de
Deu de Xirivella.
Ntra. Sra. De la Salud.
Grabado. S.XVIII
El principal problema que presenta esta
explicación reside en las propias imágenes que protagonizaron estos milagrosos
descubrimientos: ninguna de ellas es anterior al siglo XIII, por lo que es
imposible que fuesen ocultadas antes de esa época.
En el caso de la Virgen de la Salud contamos
con dos hechos que refuerzan la teoría del descubrimiento, probablemente a
finales del siglo XVI o principios del XVII, como muy bien apunta Miguel
Sorribes[3]. En primer lugar, en 1604[4] se erigió una ermita para señalar el lugar exacto de su
hallazgo y aún conserva en su sótano el hoyo de tres metros de profundidad de
donde, según la leyenda, se extrajo la imagen. Si a esto añadimos que la
escultura de la Virgen se encuentra incompleta y que aparece cortada a la altura
de las rodillas disminuyendo así su tamaño, la hipótesis de su ocultación bajo
una campana y posterior enterramiento resulta sumamente atractiva. En cuanto al
por qué fue escondida sólo podemos realizar, por el momento, algunas conjeturas;
uno de los motivos que pudo justificar su enterramiento pudo ser el proteger la
imagen de la mejor manera posible ante alguna revuelta político-social acaecida
en Xirivella en los siglos XV o XVI. Además de este motivo también cabe otra
posibilidad, si la imagen se encontraba deteriorada resultaría lógico enterrarla
en lugar de destruirla, no hay que olvidar que se trata de una escultura de la
Virgen y por lo tanto de una imagen sagrada.
Si la comparamos con otras imágenes de la
época, también realizadas en terracota, que no miden más de 30 centímetros como
por ejemplo la Virgen de Vallivana en Morella o la Virgen de la Fuente en
Castellfort, sus medidas son desmesuradas (unos 80 cm.)
Por su tamaño parece poco probable que fuese
destinada a algún culto privado, resulta más lógico pensar que estuvo
presidiendo un altar, un retablo o incluso una portada que bien pudieron
pertenecer al antiguo templo parroquial de Xirivella. Según afirma Vicent
Camps Aparicio[5] hay pruebas documentales que confirman que la primitiva
iglesia de Xirivella estaba dedicada durante el siglo XV a la Virgen María,
advocación que podría mantenerse desde la fundación del templo en el siglo XIII
por la orden de Santa María de Calatrava, para adoptar a partir del siglo XVI la
titularidad del Santísimo Sacramento, hasta la construcción de la nueva iglesia
parroquial en 1680. Estos datos apoyan la teoría de que la escultura de Nuestra
Señora de la Salud pudiese corresponder a la imagen titular del antiguo templo
parroquial de Xirivella durante el siglo XV, y aún más si tenemos en cuenta que
desde su descubrimiento fue conocida como la Mare de Deu de Xirivella
añadiéndose posteriormente el título de Mare de Deu de la Salut[6], probablemente a raíz de la protección ofrecida por la Virgen
al pueblo de Xirivella durante las epidemias de peste bubónica del siglo XVII y
las del cólera morbo del XIX.
Aunque otros investigadores como Pedro Sucías
Aparicio o Bernardo Bono y Barber, han dedicado su atención a la imagen de
Nuestra Señora de la Salud, la descripción más pormenorizada nos la ofrece Jaime
Torrent i Cros por lo que creemos necesaria reproducirla en este artículo:
La imagen representa á la Virgen con el
Niño Jesús en su brazo izquierdo y llevando una azucena en su mano derecha. Una
y otro visten túnica y manto, y en la cabeza tienen puesta corona imperial. En
su interior es de figura corpórea fabricada en tierra de masa, hoy desconocida.
Su tamaño es de unos ochenta centímetros, pero sus proporciones aparecen
notablemente irregulares, porque no corresponde lo corto de la falda á la
dimensión del cuerpo, quedando de aspecto enana. No fué de tal disposición en su
origen; los que la escondieron, para acomodarla bajo la campana y atendiendo
mejor a la conservación del busto cortárosla por las piernas, reduciendo su
tamaño. Tanto los que la hallaron como los párrocos que se ha sucedido y los
Prelados que la han visitado, respetándola tal como se encontró, nunca
intentaron volverla á su estado primitivo. Sea por causa de la materia de que
está formada, y más seguro por la humedad continuada de tantos años, el color de
su encarnadura está convertido en un bronceado oscuro.[7]
Como hemos comentado la escultura de la
Virgen de la salud estaba realizada en barro cocido o terracota y medía
aproximadamente unos 80 centímetros. Se trataba de una imagen estante que
portaba en la mano derecha una azucena y en la izquierda al Niño, quien a su
vez, bendecía con la mano derecha mientras cogía con la izquierda el ala de un
ave que descansaba en su regazo. Tanto María como el Niño estaban dispuestos con
cierto hieratismo y miraban frontalmente al espectador, sin que entre ellos
hubiese ningún tipo de comunicación gestual.[8] Las facciones tanto de la Virgen como las del Niño eran
morenas; este color oscuro de ambas figuras pudo deberse o bien a alguna
alteración química de los componentes de las carnaciones, o a la pérdida de la
preparación o la película pictórica que pudo dejar al descubierto el material
original de la imagen, el barro cocido.
La Virgen de la Salud.
Imagen actual
Lo más destacado de esta imagen es que se
trata de una escultura plenamente flamenca, como podemos apreciar al observar su
atuendo, sus facciones, su peinado y la técnica con la que está realizada. Desde
finales del siglo XIV el arte en Flandes protagoniza un gran auge, extendiendo
su influencia en el siglo siguiente por el resto de Europa y en especial por
Francia, Alemania y España. Sus manifestaciones artísticas se incluirán en una
corriente conocida como Renacimiento del Norte, llamado así para diferenciarlo
del Renacimiento italiano, o Realismo Flamenco. Este nuevo arte se caracteriza
por la observación del natural; las figuras, tanto en pintura como en escultura,
son mucho más realistas y tienen rasgos individualizados, los plegados de los
vestidos son menos ampulosos y expresivos que los del Gótico Internacional y se
disponen pegados al cuerpo y muy quebrados como si fuesen de papel.
La Virgen de la Salud va vestida con una
túnica blanca de escote recto, no muy ajustada, en la que el cuerpo y la falda
se ciñen mediante un apretado cinturón formando numerosos pliegues. Se cubre con
un amplio manto que oculta por completo sus hombros y se abrocha sobre el pecho,
formando en su caída una serie de pliegues acartonados. Este traje corresponde a
los típicos trajes forrados o realizados en telas gruesas, de talle muy alto,
propios de las cortes palaciegas de los Países Bajos de la primera mitad del
siglo XV. Un vestido similar al de Nuestra Señora de la Salud de Xirivella lo
podemos encontrar en la obra más famosa del pintor valenciano Lluís Dalmau La
Verge dels Consellers (1445), en esta tabla la Virgen no sólo va vestida de
igual manera, sino que lleva idéntico peinado e incluso las facciones son muy
parecidas: cara oval, frente abombada, cejas finas y arqueadas, ojos
almendrados, nariz alargada y boca pequeña. También responde a esta cronología y
a la moda flamenca, el que la Virgen no lleve velo sobre su cabeza y muestre un
sencillo peinado con el cabello dividido en dos, formando mechones de pequeños y
apretados rizos. Probablemente llevaría sobrepuesta, una corona realizada en
algún metal precioso, oro o plata, tal y como hemos constatado en otras imágenes
de la misma época.
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La Verge dels Consellers
de Lluis Dalmau. 1445
El Niño de cabello rizado, aparece con el
torso desnudo y las piernas cubiertas por un manto; el hecho de que aparezca
semidesnudo responde a un modelo iconográfico empleado en Europa desde el siglo
XIV. Los rasgos de las dos figuras están suavemente modelados y se caracterizan
por tener unas facciones individualizadas tomadas del natural, aunque
conservando un cierto idealismo propio del Gótico Internacional; el refinamiento
y la solemnidad de las facciones de la Virgen contrastan con la sonrisa más
amplia y dulce de su Hijo.
Desde el siglo XIII, y sobre todo en el XIV y
el XV, el culto a la Virgen recibe un gran impulso, pasando a ser tan importante
o más que el de su Hijo. Primero las órdenes mendicantes, entre las que
destacaron Dominicos y Franciscanos, impulsaron una nueva sensibilidad, más
humana, acercándose a María como Madre de Dios y de la Humanidad más que como
Reina de los Cielos. En el siglo XIV los relatos de grandes místicos europeos
como el Maestro Eckhart, Johann Tauler, Heinrich Suso o Santa Brígida de Suecia,
y los evangelios aprócrifos, reforzaron esta nueva visión de la Virgen con unos
textos en los que se recogían hechos de la vida de María o de la Infancia de
Cristo. A esta relación más íntima de los fieles con María y su Hijo responde
una proliferación masiva por toda Europa de imágenes de devoción de la Virgen
con el Niño.[9]
Desde un punto de vista iconográfico, el
estudio de Nuestra Señora de la Salud resulta muy interesante ya que el
simbolismo está presente en varios elementos; desde los colores empleados en la
imagen, pasando por la azucena que porta la Virgen en su mano derecha, y sobre
todo en el ave que sostiene el Niño en su mano izquierda.
Símbolo de pureza y virginidad desde la
antigüedad, la azucena suele acompañar a las imágenes de la Virgen, y por ello
es conocida como la flor de María. En el Cantar de los Cantares (2, 1-2) se
califica a la esposa, identificada por los teólogos con la Virgen, de “azucena
de las vegas” y “azucena entre espinas”.[10] Los colores con los que está policromada la imagen subrayan
este significado, el blanco de la túnica que ostenta el mismo simbolismo que la
azucena: la pureza, y el azul del manto, es símbolo de lo trascendente y color
por excelencia de María.
El ave que porta el Niño fue un motivo
iconográfico muy extendido en el período comprendido entre finales de la Edad
Media y el siglo XVII. Aparece con mucha frecuencia, tanto en escultura como en
pintura, en Italia, Austria, Alemania, Francia, Inglaterra, los Países Bajos,
España e incluso Rusia. El investigador Herbert Friedmann afirma que el motivo
del pequeño pájaro sostenido en las manos del Niño, comenzó a representarse en
la escultura francesa hacia 1370 pasando inmediatamente a la pintura italiana
del Quattrocento. En las esculturas más antiguas resulta difícil identificar el
ave con alguna especie en concreto, ya que lo que interesaba no era la especie
del pájaro representado sino sólo el simbolismo que emanaba. Posteriormente las
aves más representadas fueron el jilguero, el petirrojo, la golondrina y la
paloma.
La representación de un pájaro en el regazo o
en las manos del Niño Jesús respondía a un hecho cotidiano, ya que en la Edad
Media era normal que los niños tuviesen en casa pájaros de pequeño tamaño, con
los que jugaban atando un cordel a una de sus patas y dejándolos volar cerca de
ellos. Este improvisado juguete en manos del Niño, aproximaba aún más a los
fieles de la época la imagen sagrada y propiciaba un acercamiento más humano a
la Virgen y al Niño, viendo a María no como a la Reina de los Cielos, sino como
una madre más, que observa con amor y ternura los juegos de su hijo al igual que
tantos otros niños de su edad. En la Comunidad Valenciana este modelo
iconográfico tuvo una gran difusión, así lo atestiguan los numerosos grupos
escultóricos de los siglos XIV y XV en los que María aparece acompañada del Niño
y un pájaro, entre las que destacan: la Mare de Deu del Do de Alfafar, la Mare
de Deu de Gracia de Énova, la Mare de Deu de la Seu de Xàtiva, la Virgen con el
Niño del Museo Diocesano de Valencia, Nuestra Señora del Castillo de Corbera de
Alzira, la Virgen del Niño Perdido de Caudiel, Nuestra Señora de la Costa de
Cervera del Maestre, Nuestra Señora de las Nieves de Todolella, la Virgen de la
Fuente de Torre Endoménech y Nuestra Señora del Llosar de Villafranca del Cid.
El simbolismo que encierra este pequeño
pájaro es muy rico y sus posibles significados son muy variados. Uno de los más
difundidos lo identifica con el alma en contraposición con el cuerpo, lo
espiritual con lo terrenal, por eso a veces en algunas pinturas podemos ver al
alma abandonando el cuerpo del difunto en forma de ave. Este motivo iconográfico
estaba ya presente en el Antiguo Egipto y también en las primitivas catacumbas
cristianas. El hecho de que el ave aparezca en el regazo del Niño podría
interpretarse como que el alma cristiana busca refugio y amparo en el Hijo de
Dios.
Otro significado que hemos considerado
también muy indicado a la hora de intentar desentrañar el simbolismo del ave en
el caso de Nuestra Señora de la Salud de Xirivella, está relacionado con un
conocido episodio de la infancia de Jesús que recogen con ligeras variantes la
mayoría de los evangelios apócrifos como el Evangelio Árabe de la Infancia
(Capítulo XXXVI), el Evangelio Armenio de la Infancia (Capítulo XVIII) y el
Evangelio del Pseudo-Mateo (Capítulo XXVII), el más difundido, que cuenta lo
siguiente:
Jesús, a la vista de todos, tomó lodo de
unos charcos que el mismo había hecho e hizo doce pájaros. Y era un sábado
cuando Jesús hizo esto, y estaban con él muchos niños. Uno de los judíos, viendo
lo que estaba haciendo, dijo a José: “José ¿no ves como el Niño Jesús está
trabajando en sábado, lo cual no le está permitido? Pues del lodo ha fabricado
doce pájaros”. Habiéndolo oído José, le amonestó diciéndole “¿por qué haces
tales cosas, que no nos está permitido hacer?” Mas Jesús, a las palabras de José
empezó a dar palmadas, diciendo a sus pajaritos: “volad”. Y al imperio de su voz
echaron a volar. Y estando todos presentes, y viéndolo y escuchándolo, dijo a
los pájaros: “id y volad por el orbe y por todo el mundo, y vivid”. Todos los
presentes, a la vista de lo sucedido, fueron presa de gran estupor. Unos le
alababan y admiraban; otros en cambio, le vituperaban. Y algunos se fueron a los
príncipes de los sacerdotes y a los primates de los fariseos, y les anunciaron
que Jesús, hijo de José, a la vista de todo el pueblo de Israel, había obrado
grandes señales y prodigios. Y esto fue anunciado a las doce tribus.
A partir de esta leyenda que pone de relieve
la omnipotencia de Cristo, los pájaros de barro dotados de vida milagrosamente
se convertirán en símbolo de la Resurrección.
El simbolismo del ave que sostiene el Niño,
vinculado con la Resurrección, unido al gesto de bendecir con la mano derecha y
el que el Niño de la imagen de Xirivella esté cubierto por un manto rojo[11], un color que suele simbolizar sacrificio, nos lleva a la
conclusión que está representado como redentor de la humanidad; Cristo salvó a
los hombres mediante su sacrificio en la cruz y aquí aparece junto a su madre,
erigiéndose así también como corredentora.
Ntra. Sra. de la Salud.
Detalle
A comienzos del siglo XV, a los materiales
tradicionales utilizados en la escultura: madera, piedra o metales preciosos, se
añaden otros menos costosos y fáciles de trabajar como el latón, la piedra
reconstruida y la terracota; este último es el empleado en la realización de la
imagen de Nuestra Señora de la Salud de Xirivella.
La facilidad para encontrar arcilla y
su dúctil modelado propició que el barro cocido se emplease desde la Prehistoria
en un gran número de culturas para modelar objetos útiles o pequeñas
estatuillas. Posteriormente también se utilizó para realizar moldes, maquetas, y
modelos de obras de gran tamaño; pero hacia el año 1400 en diversos centros
artísticos de los Países Bajos, en especial las ciudades de Utrech y Lieja, y
del Imperio Germánico como Nuremberg, Suabia y Renania se generalizó el uso del
barro cocido, material con el que se llevó a cabo una enorme producción en serie
de relieves y esculturas de grandes dimensiones modeladas o realizadas mediante
el vaciado en moldes de yeso que permitieron un abaratamiento de la producción y
una mayor difusión de esta nueva técnica por toda Europa.
Es sobradamente conocido que el barro está
compuesto por arcilla aglutinada con agua. La coloración de este barro dependerá
de las impurezas de la arcilla empleada: rojizas (coloreadas por su alto
contenido en óxido de hierro), ocres, blanquecinas o grisáceas. El grano de
estas arcillas también condicionará el resultado final de la escultura ya que
las de grano grueso al ofrecer una mayor resistencia se emplean para la
ejecución de grandes esculturas, mientras que las de grano fino son más
adecuadas para realizar obras de pequeño tamaño o detalles delicados. Antes de
utilizar la arcilla hay que prepararla convenientemente, moliéndola, tamizándola
y amasándola. Después, se mezcla con una cantidad suficiente de agua y ya se
puede modelar. La forma va surgiendo a medida que se va añadiendo arcilla, lo
que permite hacer y deshacer, sin preocuparse por posibles fallos o
arrepentimientos, esta ventaja unida a la fluidez de su ejecución y al
abaratamiento de los costes explica, en gran medida, su rápida difusión a otros
países, entre ellos España.
Si la escultura es de grandes dimensiones,
para dotarla de una mayor consistencia se va modelando alrededor de una
estructura rígida de proporciones similares a la obra a realizar llamada “alma”
que constituye el verdadero esqueleto de la pieza. Como el barro por si sólo no
ofrece mucha estabilidad puesto que puede sufrir disminución del volumen o
grietas durante el secado, la gran mayoría de las veces se optaba por
solidificarlo en el horno mediante la cocción. Para ello las piezas huecas, o a
las que se les ha retirado la armadura o alma, se cuecen a partir de 600º C.,
pero para que se endurezcan lo suficiente es necesario exponerlas a temperaturas
que varían entre los 700 y 1290º C. La pieza obtenida tras este procedimiento se
conoce como terracota o barro cocido. Al cocerlas las obras pueden cambiar de
color o disminuir su volumen pero también adquieren mayor consistencia alargando
su conservación[12]. A continuación, se le aplica a la escultura una preparación
adecuada, que en el siglo XV solía consistir en una o varias capas blancas
compuestas de carbonato de calcio ligado con cola proteínica y se finalizaba la
pieza con un revestimiento policromo que ocultase el color original del barro.
Por lo general, las esculturas de mayor
tamaño se componían de varias partes; algunas estaban moldeadas alrededor de un
alma central, como por ejemplo el tronco de la figura y a éste se ensamblaban
otras piezas menores como la cabeza, un brazo, las manos, o incluso el Niño
Jesús en imágenes de la Virgen. Estas partes de menor tamaño se realizaban con
moldes de yeso y el artista las unía entre sí encolándolas con barbotina antes
de la cocción. Es muy posible que la imagen de Nuestra Señora de la Salud se
realizase siguiendo este procedimiento de piezas huecas ensambladas unas con
otras, puesto que hemos hallado varios indicios que nos han llevado a pensar
así. En primer lugar contamos con la aportación de Bernardo Bono y Barber que
relata que para proteger aún mejor a la Virgen debajo de la campana no sólo se
cortó la parte inferior de la imagen, sino que “también le fueron separados la
cabeza y el brazo derecho”.[13] En segundo lugar, llama la atención la facilidad con la que
sor Rogelia Canet y varias mujeres de Xirivella sustituyeron la mano derecha de
la Virgen de terracota, por otra de madera de dimensiones mayores y con los
dedos abiertos para poder adornarla con los anillos y las pulseras que le
ofrecían personas devotas[14]. Según cuenta Miguel Sorribes la mano de terracota fue
dividida en varios trozos y repartidos como reliquia entre estas mujeres. Por
último, comentar que el día 7 de octubre de 1936 un grupo de treinta personas
arrojaron la imagen de Nuestra Señora de la Salud a una hoguera desde el balcón
de la Casa Consistorial, quedando en el suelo de una de las dependencias la
cabeza de la Virgen un tanto mutilada, la del Niño intacta y la mano derecha de
la Virgen con dos dedos rotos.
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Fotografía de la imagen
original de la Virgen de la Salud. 1920
Como hemos demostrado, el hecho de que la
imagen de Nuestra Señora de la Salud de Xirivella esté modelada en terracota no
es un caso extraño, ya hemos hablado del empleo de este material en Alemania y
los Países Bajos durante todo el siglo XV, y tampoco se trata de un caso aislado
ya que conocemos otras esculturas de barro cocido realizadas en nuestro país, en
el que destacan dos centros artísticos de primer orden en la producción de
terracotas: Cataluña y Andalucía.
Con toda probabilidad, el uso de barro cocido
en España fue introducido por artistas extranjeros durante el siglo XV,
poniéndose de moda por la rapidez de ejecución que permitía y por sus valores
táctiles. En Cataluña debió emplearse de manera habitual en campos muy diversos
ya que contamos con cruces de términos, relieves, imágenes de pequeño tamaño y
esculturas de grandes dimensiones que presidieron portadas de iglesias o
retablos. Los escultores más renombrados en el uso de esta técnica fueron los
Claperós que realizaron en 1458 doce apóstoles de gran tamaño para la puerta de
este mismo nombre de la Catedral de Girona. Además de estas esculturas poseemos
referencias documentales de muchas otras hoy perdidas aunque aún se conservan
algunas obras de terracota como la imagen de Santa Eulalia que presidía una de
las puertas del claustro de la sede barcelonesa, la Virgen de la Misericordia
conservada en el monasterio cisterciense de Vallbona de les Monges (Lleida), una
escultura mutilada de la Virgen con el Niño del Museu Diocesà i Comarcal de
Solsona, otro relieve de la Virgen conservado en el mismo museo, un Calvario de
Pedralbes y el busto de una joven del Museu Nacional d’Art de Catalunya.
En Andalucia, Sevilla se erige como la ciudad
más representativa en cuanto a la escultura en terracota. En ella destacan dos
artistas: Lorenzo Mercadante de Bretaña y Pedro Millán. El primero aparece
documentado en Sevilla desde 1453 hasta 1467, donde decoró con esculturas y
relieves de terracota las puertas del Nacimiento y el Baptisterio de la Catedral
de Sevilla, así como las de la iglesia de Santa Inés, aunque su obra más
conocida es una Virgen con el Niño conservada en el Museo de Bellas Artes de
esta ciudad. A Mercadante, le sigue en importancia Pedro Millán que trabajó en
Sevilla entre 1487 y 1507. Sus esculturas más destacadas son: Llanto sobre
Cristo Muerto, Cristo Varón de Dolores y Cristo atado a la columna, que se
pueden admirar en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Con ellos se iniciará la
famosa escuela de barristas andaluces.
A la escultura en terracota se han dedicado
escasos estudios, por lo que desconocemos si en otras ciudades, aparte de las
andaluces y catalanas antes mencionadas, se conservan esculturas realizadas en
este material. En la Comunidad Valenciana hemos localizado cinco esculturas de
terracota datadas en el siglo XV, a saber, Nuestra Señora de Vallivana en
Morella (Castellón), Nuestra Señora de la Fuente en Castellfort (Castellón),
Nuestra Señora de la Murta en Alzira (Valencia) y Nuestra Señora de la Salud en
Xirivella.
Aún nos queda por precisar algunas
importantes cuestiones sobre la imagen de la Virgen de la Salud de Xirivella,
como su datación o su posible autor. En cuanto a la fecha en la que pudo ser
realizada, abogamos por el segundo cuarto del siglo XV, es decir entre 1425 y
1450. Hemos llegado a esta conclusión teniendo en cuenta varios factores: los
ropajes de la imagen, sus características típicamente flamencas y una visita
pastoral que se realizó a la parroquia en 1426.
Ntra. Sra. de la Salud.
Panel cerámico. Detalle
El alto talle de la túnica de la Virgen, así
como el cuello recto agrandado lateralmente se usó entre las mujeres europeas
desde finales del siglo XIV hasta los años 30 del siglo XV. Hacia mediados de
siglo los vestidos femeninos cambian, poniéndose de moda el escote en pico, unos
pliegues más pequeños en el cuerpo y más gruesos en la falda y, por último el
talle vuelve a recuperar su altura natural.
El estilo Gótico Internacional fue el que
primó en Valencia hasta 1430 aproximadamente, siendo renovado por el estilo
flamenco que se extenderá no sólo a la pintura, sino también a la escultura y,
en la vida diaria, al vestido y al peinado. Su auge coincidió con el viaje por
España del magnífico pintor flamenco Jan Van Eyck, que probablemente visitaría
Valencia, y el regreso a nuestra ciudad del pintor Lluís Dalmau, tras haber
estudiado en Flandes pensionado por el rey Alfons V, gran entusiasta de la moda
flamenca. Un numeroso grupo de artistas continuaron este estilo, entre los que
destacamos a Luis y Jorge Alimbrot, el Maestro de Bonastre, el Maestro de San
Lucas y el Maestro de Segorbe. Hacia mediados de siglo la influencia italiana
volverá a tomar fuerza, aunque coexistieron los tres estilos hasta 1470: el
Gótico Internacional, el estilo flamenco y el italiano.[15]
Por último, Miguel Sorribes[16] comenta que en la visita pastoral realizada a la parroquia de
Xirivella por Miquel Molsos, vicario general del obispo de Valencia, en 1426, no
se hace ninguna referencia a la imagen, lo que nos permite pensar que aún no
había sido realizada. Todos estos datos nos llevan a pensar que la fecha más
probable para la realización de la escultura de Nuestra Señora de la Salud seria
el periodo comprendido entre 1430 y 1440.
Vidriera con la Virgen de
la Salud
Durante el siglo XV Valencia se convirtió en
la ciudad más importante de la Corona de Aragón y en una de las más destacadas
del Mediterráneo. La abundante producción agrícola de la ciudad que le permitía
comerciar con los excedentes y el aumento de la cantidad y la calidad de los
trabajos artesanos de los gremios concedió a la ciudad una posición de
supremacía frente a otras ciudades costeras, entre ellas Barcelona, que le llevó
a comerciar a gran escala con Castilla, Flandes, Francia e incluso ciudades del
norte de África. Este aumento de la riqueza benefició a las artes, ya que se
multiplicaron los encargos, no sólo a pintores o escultores locales, sino
también a los numerosos artistas extranjeros que se encontraban instalados en
Valencia. Entre éstos últimos predominaron los italianos, franceses, flamencos,
alemanes y portugueses, coincidiendo con las más importantes colonias de
comerciantes extranjeros asentados en la ciudad. En Valencia la pintura contaba
con una mayor tradición que la escultura y, parece ser que a la hora de realizar
escultura en piedra se solía encargar a artistas foráneos.
[17]
Pues bien, somos de la opinión que el autor
de la imagen de la Virgen de la Salud debió ser un escultor extranjero,
probablemente flamenco o alemán, ya que la imagen cuenta con
características flamencas muy marcadas como son: la técnica empleada, el
realismo presente en la escultura, las facciones de los rostros, el atuendo y el
peinado. La Virgen de la Salud debió ser encargada en Valencia, que por entonces
era el centro artístico más importante del Reino y por lo tanto, era donde se
contrataban obras artísticas destinadas a poblaciones cercanas como Xirivella.
Normalmente el procedimiento de trabajo era el siguiente: el cliente o su
representante acudía a Valencia a contratar la obra con el artista elegido y
éste último se comprometía a trasladar la obra finalizada a la población
correspondiente. A veces, si la escultura era de grandes proporciones o frágil,
como era el caso de la de Xirivella, el artista se trasladaba a la localidad,
permaneciendo en ella el tiempo suficiente para poder elaborar la imagen,
volviendo posteriormente a Valencia tras la entrega y pago de la obra.
Esperamos que este artículo haya servido para
dar a conocer la escultura en terracota de la Comunidad Valenciana y que haya
ayudado a poner en valor la antigua imagen de Nuestra Señora de la Salud,
Patrona de Xirivella.
Mª Teresa Abad Azuaga
Historiadora del Arte
Universitat de València
[1] También fueron encontradas bajo una campana
las siguientes imágenes: la Mare de Deu de l’Olivar (Alaquàs), la Mare de Deu
del Do (Alfafar), la Mare de Deu de Gràcia (Gorga), la Mare de Deu del Patrocini
(Foios) y la Mare de Deu del Puig.
[2] V. Sánchez Navarrete, Manuel, Itinerario
Mariano-Valentino, Valencia, 1954, p. 12
[3] V. Sorribes Santa María, Miguel, Xirivella.
Ensayo Histórico, Valencia, 1989, p.194
[4] Esta fecha la aporta Pedro Sucías Aparicio en
su obra manuscrita Templos a la Santísima Virgen, t. 1, parte II, p. 475.
[5] V. Camps Aparicio, Vicent, “Noticia d’alguns
documents que ens parlen de la parroquia de Xirivella desde la seua fundació al
segle XIII fins a la nova construcció al segle XVII, moment en què es va dedicar
a la Verge de la Salut”, Camí Fondo. Revista d’estudis Locals de Xirivella,
3, desembre 1997, pp. 47-50.
[6] Otras vírgenes de la Comunidad Valenciana que
comparten la misma advocación con la de Xirivella son: la Virgen de la Salud de
Alcublas, la de Algemesí, la de Catamarruch, la de Cogullada y la de Rótova.
[7] V. Torrent y Cross, Jaime, Noticias de
Imágenes, Santos y Venerables, Valencia, 1886, pp. 52-53
[8] Una disposición muy parecida a la Virgen de
Xirivella presentaba la antigua imagen de Nuestra Señora de la Seo de Xàtiva,
destruida en 1936.
[9] V. Duby, George; Barralt i Altet, Xavier y
Guillot de Suduiraut, Sophie, La Escultura, El Testimonio de la Edad Media
desde el Siglo V al XV, Barcelona, 1989, p. 239
[10] V. Hall, James, Diccionario de Temas y
Símbolos Artísticos, Madrid, 1987, p. 321
[11] El rojo además de ser el color del sacrificio,
es también el de la divinidad, por afinidad con el púrpura que es el color de la
realeza.
[12] V. Rivera, J.; Avila, a. y Martín Ansón, M. L.,
Manual de Técnicas Artísticas, Madrid, 1997, pp. 71-74
[13] V. Bono y Barber, Bernardo, Nuestra Región
a través de la Historia de sus Pueblos: Chirivella. Guión de la charla
radiofónica para Radio Valencia 17-05-1951 (reproducido parcialmente en
Sorribes, Santa María , Miguel, Xirivella. Ensayo Histórico, Valencia,
1989, pp. 185 y 186
[14] La mano derecha original de la Virgen de la
Salud, tendría los dedos juntos y cerrados alrededor de la azucena. Esta
disposición primitiva de la mano se aprecia en varios grabados de los siglos
XVIII y XIX. El sustituir la mano de una imagen por otra de diferente material
no es tan extraño, como podría parecer en un principio, ya que conocemos otras
imágenes que han sufrido la misma mutilación, como por ejemplo Nuestra Señora de
la Fuente de Portell, en Castellón a la que se le sustituyó una mano de piedra
por otra de madera.
[15] V. Company, Ximo y Garín Llombart, Felipe
Vicente, “Valencia y la Pintura Flamenca” en Historia del Arte Valenciano. La
Edad Media: el Gótico, t. II, Valencia, 1988, pp. 236 y 237
[16] V. Sorribes Santa María, Miguel, Xirivella.
Ensayo Histórico, Valencia, 1989, p. 186
[17] V. Falomir Faus, Miguel, Arte en Valencia
1472-1522, Valencia, 1996, p.225
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